El día que descubrí que la perfección no existe

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El día que descubrí que la perfección no existe, comprendí algunas cosas:

Está lloviendo, aún con paraguas, los pies se mojan.
El sol radiante, con todo el bloqueador solar, prendas con manga larga, el rayo solar entra de algún rincón al cuerpo.
El viento, aunque uno se tape con muchos abrigos, encuentra un espacio para enfriar el cuerpo.
En la vida, hay cosas que no se puede esquivar. Al caminar, al saltar, al ir al frente, al emprender, siempre habrá cosas buenas y también malas, porque vivimos en la dualidad.

Pero igual uno debe dar los pasos, ir hacia el frente. Y mientras más pasos des, más emprendedor eres, más pruebas tienes.

Quizás no exista algo tal como 100% perfecto. Pero quizás todos los caminos consisten en buscar la perfección. La perfección de que se moje lo menos posible, la piel se queme menos posible, el viento enfríe lo menos posible.
Quizás pensando que le alegra a unas personas envía una foto en un grupo de whatsapp, algunos se alegran y otros se sienten heridos.
Quizás es un trader experto pero al comprar y vender en el momento exacto y genera una gran ganancia de capital, en el otro lado están las personas que pierden, y pierden tanto que lo deprimen.
Quizás estás ofreciendo un producto o servicio lo más perfecto posible desde el punto de vista de uno, pero por falta de visión y no entender el sentido común ajeno, ofrece lo contrario.
Quizás uno piensa que se expresó de la  manera más cordial, más positiva, pero para el otro fue una falta de respeto.

Porque tener la razón, es a veces no tener la razón.

Mi mentor me dice, si de 1.000 personas, 900 están contentas y 100 descontentas, ya estás más cerca de la perfección. Lo que importa es el progreso, no la perfección.

Ese día, crecí un poco más que en 10 años.


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